La vida antes y después del softbol

Doscientas ochenta y ocho horas -o lo que es lo mismo, doce días- han pasado desde que calcé por última vez mis spikes en el Torneo de Softbol de la Prensa. A pesar del alivio del dedo gordo de mi pie izquierdo por eximirlo de las tensiones que lo tenían a punto de explotar, el resto de mi cuerpo aún no se acostumbra al estado displicente que lo absorbe.

Esta fue mi tercera participación en lides de los periodistas cubanos, pero nunca antes me lo había tomado tan en serio. Quizás el hecho de asumir la función de “hombre orquesta” haya sido el causante de este estrés postraumático. Sí, porque no es fácil dirigir, lanzar en casi todos los juegos y ser el cuarto bate de un equipo, para luego regresar a escribir sobre temas que nada se relacionan con el deporte.

De todas las funciones que desempeñé, los que me conocen dirán que la primera es la que más me pega, pues toda la vida me ha gustado aquello de “mandar”, mas en esta ocasión también tuve que suplir la ausencia de nuestro primer pitcher y tomar un turno de tamaña responsabilidad en la alineación, para el cual sé no soy el más indicado.

Softbol_Cmg-vs-Ltu_6Por eso, sabiendo de antemano todo lo que nos tocaba, fue que nos lanzamos a una preparación de seis semanas para un torneo de solo cuatro días. Muchos pensarán que es una locura entrenar tanto para jugar tan poco, pero no podíamos hacer quedar mal al lema que elegimos espontáneamente desde las primeras jornadas de entrenamiento: “Camagüey, sin papelazos”.

El que no sepa de la historia de otroras huestes agramontinas, podrá imaginarse, ante una consigna así, el currículum con el que llegamos a tierras holguineras. Jamás, en tres citas precedentes, mi provincia había salido del podio a la inversa. Ostentar un lugar que no tuviera doble dígito era una utopía. Mas este año eso cambió.

En ninguna competición terminar séptimos entre doce participantes se considera un gran mérito. Sin embargo, cuando se analiza detalladamente todas las adversidades que aparecían cada día, nadie puede negar el tremendo resultado que tuvimos.

Con la nómina más joven del certamen, y en cuya alineación regular sobresalían más de cuatro novatos, nos batimos de tú a tú en el grupo de la muerte. Cierto es que tanto la selección de Medios Nacionales como los subcampeones tuneros nos maltrataron un poco, pero el que ambos discutieran el cetro ya dice bastante de su nivel. No obstante, le ganamos el doble a Matanzas, que a pesar de la falta de team work evidenciada, es una escuadra con historia y terminó en el cuarto puesto en la edición de 2013.

Frente a Sancti Spíritus -a la postre quinto lugar- celebramos los dos juegos más reñidos y, como todo en la vida, nos tocó ganar y perder. Lo más llamativo fue que ambos partidos se decidieron como en el fútbol o el baloncesto, por culpa de una reglita ahí que le ponía límite de tiempo a los partidos. ¡Qué cosa!

En esos desafíos demostramos la casta de que estamos hechos. Nunca nos amilanamos ante el formidable pitcheo rival y supimos venir de abajo en más de una ocasión. Asimismo, siempre hubo quien no dejó escapar la posibilidad de asegurar su liderazgo en ponches recibidos en apenas el tercer juego de la competencia.

Y Granma, si bien tampoco venía con el ímpetu que los hizo coronarse hace algunos años, siempre se aparece con un combito de pelea, sobre todo por varios jugadores gritones y pesados que sacan de sus casillas al más impasible de todos los pitchers. El primer día le remontamos (en parte gracias a la lluvia) un juego qué perdíamos 7 a 1, pero en el otro match nos sorprendieron con el almuerzo en la garganta y apenas pudimos anotarle una carrera.

Softbol_Cmg-vs-MN_90Cuatro victorias y seis derrotas fue el saldo final para Camagüey. La ambiciosa meta que nos trazamos era lograr al menos cinco éxitos, pero romper la histórica barrera de los dos triunfos y fabricar más de siete carreras en varios juegos (aspectos que nunca antes había superado un conjunto camagüeyano), hablan por sí solos de la satisfacción del equipo.

Mucha gente ha reconocido mi desempeño a la cabeza del piquete, pero sería un egoísmo asumir todo ese crédito. Y si es verdad que di carreras e hice varias gestiones para que todo saliera lo mejor posible, también hay que agradecerle a todos los que apoyaron la preparación, además de que tenía a mí lado un grupo de -más que socios- hermanos que sabía iban respaldarme y seguirme en todo momento (bueno, todos menos el SS, pero eso nunca tendrá remedio).

Por supuesto, no puedo obviar la súper ayuda que nos llegó desde la capital a través de los refuerzos que fichamos previo al torneo. Para Rúa y Julito no me alcanzan las palabras de agradecimiento; solo puedo agregar que se convirtieron en parte de la familia y desde ya tienen su puesto seguro en la nómina; uno como tercer palo y tercera base regular y el otro como coach de primera, (aunque a decir verdad, en este último caso la disputa está fuerte con el Prospecto).

Más allá del resultado deportivo, lo que en realidad queda es todo ese tiempo en que pudimos compartir y trabajar juntos en pos de un sueño, desde el primer día de entrenamiento hasta el último out. Al final, el softbol solo se convirtió en pretexto para unirnos por un objetivo en común y hacer la vida un poco más llevadera.

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De este torneo en Holguín, (mi primero con Camagüey, porque los dos anteriores en que participé lo hice como refuerzo de Ciego de Ávila, de lo cual me siento muy orgulloso) quedarán cientos de anécdotas y cuentos para hacer durante el resto de nuestras vidas. Espero que todos aparezcan en cierto power point que se está cocinando por ahí.

¿Cómo olvidar las pifias del Puro o la deserción momentánea del Cencerro? Siempre nos congratulará el recuerdo de la nueva temporada de Tato y Carmina que pudimos presenciar en exclusiva, o esa fotógrafa que contratamos para que les tirara fotos a otro equipo.

En nuestra selección existió una fauna diversa que iba de aves exóticas como el “negrito” a felinos domésticos, alias el “gato barcino”. Estuvo el que olvidó el cepillo de dientes y se pasó una semana a base de dedito con pasta, o los que debían evacuar la habitación tras cada jornada por las bombas atómicas que salían de sus pies. Tampoco se debe marginar a cierto pirata devenido softbolista cuya guapería no creyó ni en las mismísimas deidades de la Liga.

En definitiva, ni mi cuerpo ni mi mente se han liberado aún del softbol. Cada día amanezco pensando que en vez de la agenda y el lapicero, me esperan el guante y el bate. Al menos ahora tengo la Serie Nacional para hacerles fotos a esos verdaderos protagonistas del espectáculo.

Doscientos ochenta y ocho horas después -y 20 párrafos mediante- la sensación continúa tan inmóvil y firme como al principio. Ya me encargaré de que perdure hasta dentro de doce meses, cuando llegue nuevamente el momento de castigar al dedo gordo de mi pie izquierdo y echarle muchos cojones a ese grito de guerra: ¡Camagüey, sin papelazos!

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Una respuesta to “La vida antes y después del softbol”

  1. Ñooooo..Te quedó bárbaro, es una pena que el SS, no te siga en nada, deberías expulsarlo del equipo por conflictivo. Por lo demás todo Ok. El año que viene ese equipo va a clasificar sin dudas, veremos si la gente en Guadalajara nos tira un cabo a su ¿vuelta?. Qué vivan los campeones con Cencerro, Gato barcino y El Prospecto.

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