Cambio de frecuencia

En la noche de este miércoles los Gigantes de San Francisco se coronaron por tercera vez en cinco años campeones del mejor béisbol del mundo. Y lo hicieron contra todos los pronósticos, pues un equipo no se llevaba el gallardete en el séptimo partido jugando como visitador desde que los Piratas de Pittsburg lo consiguieran en 1979 ante los Orioles de Baltimore.

En lo personal no me regocijé con el triunfo de Bumgarner, Kung-fu Panda y compañía. A pesar de que no soy seguidor de Kansas –incluso apenas conocía algo de ese conjunto antes de la serie mundial– me había conmovido con la causa de los del mid west en la medida que fueron derrotando molinos en esta recién concluída postemporada.

Los Reales conforman una selección que viene a ratificar la sabermetría de Billy Beane y sus Atléticos de Oakland. Con apenas el puesto 18 en materia de solvencia económica entre una treintena de franquicias –casi 91 millones de dólares en salario solamente, por 238 de los Dodgers o 210 de los Yankees, los dos primeros en ese acápite– la novena de Kansas City dejó en la cuneta a escuadras con mucha más historia y dinero.

Allí se incluyen los Angelinos y los Orioles, no tan poderosos, pero sí ambos con mejor nómina y más de 100 millones en salarios cada uno. Y por si no bastara, estuvieron a solo un juego –y una pizca de mejor suerte– de imponerse a unos Gigantes que ocupan el sexto lugar en cuanto a pago a sus jugadores, con más de 147 millones de billetes verdes para ese propósito.

Estos representan solo algunos detalles para ilustrar por qué un equipo de la media como los Reales sensibilizó con su causa a mucha gente este año. Pero en la vida pocas veces ocurren milagros, o al menos se dan muy escasamente esos finales felices, como hubiese sido que triunfaran en su estadio luego de venir perdiendo la serie 2-3 desde el AT&T Park.

Y mucho menos se puede aspirar a un desenlace de cuentos de hadas cuando en el bullpen rival se encuentra un fuera de serie llamado Madison Bumgarner. El MVP del Clásico de Otoño del 2014 fue capaz de tirar 117 lanzamientos para completar una lechada histórica el lunes en el quinto desafío, luego venir apenas dos días más tarde –nada más y menos que en él último juego de la serie mundial– y… ¡cachám!… dibujar un relevo casi perfecto de cinco entradas, para finalmente decirle a los Reales: “¿Who is your daddy?

bumgarner

Así terminó de manera espectacular la temporada de las Grandes Ligas de este año, mientras solo par de días antes había arrancado una nueva campaña del también mejor básquetbol del universo. En las canchas de la NBA, las expectativas están ceñidas en ver cómo le va a Lebron en su regreso a Cleveland, esta vez con la promesa de ganar un anillo sí o sí.

Para ello, los Cavaliers no solo cuentan con el rey absoluto del basket mundial, sino que trajeron además al enamorado Kevin Love, que se cansó de darlo todo y no recibir nada a cambio en Minessota (algo así como está a punto de sucederle a Norge Luis Ruiz con Camagüey, en la pelota) y decidió probar suerte con los Cavs antes de que los años le pasen factura.

Por si fuera poco, a ambos los esperaba el flamante campeón mundial con la selección norteamericana en España 2014, y además MVP de ese certamen y del más reciente All Star Game de la NBA: el gran Kyrie Irving.

Con este tridente ultra poderoso en ambos costados de la cancha, los Cleveland Cavaliers se erigen como el cuadro a batir a partir de abril de 2015, cuando comiencen los play offs. Sin embargo, el trayecto no será tan fácil para llegar a esa instancia, pues también existen otros fuertes candidatos al cetro.

En primera fila aparece el monarca vigente, los anticorrosivos Spurs de San Antonio con su trío de leyendas, Duncan, Parker y Ginobilli. Ahora, esos experimentados tienen a su lado una camada de jóvenes talentos, liderada por el más valioso de la última final, el manoplas Kawhi Leonard, y el siempre resabioso coach Popovich.

Habrá que ver qué sucede con un Heat que intentará recuperarse de la “traición” de King James. Si bien es una baja en extremo sensible, Miami es un planel que lleva cuatro años consecutivos discutiendo el título y ya ha aprendido a jugar a ese nivel. Solo queda esperar si el liderazgo de Wade y Bosh podrá llevarlos una vez más hasta ahí.

Asimismo, no debemos descartar a los Thunder de Oklahoma con la tarántula humana Kevin Durant y el supersónico Rusell Westbrook. En mi opinión, entre estos cuatro debe andar el próximo soberano, aunque no sería una sorpresa ver a los Clippers de Chris Paul y Blake Griffin en una final.

Sin embargo, muy lejano en los pronósticos de los especialistas están mis Lakers. Sin una incorporación de peso este verano, con la marcha de Pau Gasol a Chicago y la nueva lesión del veteranísimo Steve Nash (qué no sé por qué no se acaba de jubilar ya) a muy poco podrán aspirar los angelinos, ni siquiera con la vuelta a la duela de su estrella y líder Kobe Bryant.

Tal y como sería una Serie Nacional donde Industriales y Santiago de Cuba no fueran protagonistas, la NBA hace algunos años ha visto como sus dos grandes franquicias, Lakers y Celtic, se encuentran sumidas en la mediocridad, en plenos procesos reconstructivos que no acaban de dar fruto, donde el dinero se sigue gastando y no sucede nada.

Al menos me queda la satisfacción de que esa máquina de jugar baloncesto, cuyo nombre se lo debe a la ciudad japonesa de igual denominación, ha comenzado su campaña 18 con la misma destreza de antaño y en solo su segunda presentación rubricó ya 31 puntos. De la lesión que solo le permitió jugar media docena de partidos en el anterior torneo, parece no quedar rastros.

Muy pocos basquetbolistas en la historia pueden y podrán presumir de llegar a los 36 años con más de 1200 juegos al máximo nivel y mantener intacta la calidad. Kobe es un de ellos. Y lo mejor es que cualquiera pudiera creer que un atleta de su alcurnia a esta altura podría pensar solamente en cuidarse para extender su carrera lo más posible, porque ya no le queda nada por ganar. Mas no es el caso del 24 de oro y púrpura.

Si existe un jugador en toda la NBA que no soporte ni un poquito la derrota ese es Kobe Bryant, que cuando vio que se le desarmaba el equipo a fines del anterior calendario y la gerencia hablaba de esperar unos años para volver a “aspirar a algo”, mandó un mensaje alto y claro diciendo que él no iba a esperar nada, que quería ganar ya.

Así de conforme es un hombre en cuya mano derecha no cabe un solo anillo de campeón más y ostenta la segunda mejor marca de puntos en un partido, entre muchísimos otros logros y reconocimientos.

El caso es que desde hoy cambié la frecuencia. Colgué los spikes, guardé el guante y el bate, y me puse las zapatillas para jugar baloncesto. Así se completa un ciclo y empieza otro, que en junio venidero se reactivará una vez más cuando termine la NBA y ponga el filtro de la MLB. Por supuesto, entre col y col, me sigueré deleitando con la pelota nuestra de cada día y, en su momento, volveré a hacerle caso al fútbol de clubes.

Nada, estas son simplemente algunas de las cosas con la que los adictos al buen deporte tenemos que lidiar. ¿Se imaginan que un día me paguen por eso?

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: