Tocar el cielo con la memoria

kobeCursaba el 12 grado en la Vocacional de Camagüey. Era una fría mañana de invierno en la que los aires de nostalgia se entremezclaban con la brisa matutina, pues apenas nos quedaban unos meses en la escuela.

La noche anterior habíamos estado tomando ron y tocando guitarra en el sala de estar del albergue, algo normal por esas fechas, porque sabíamos que dentro de muy poco jamás volveríamos a estar juntos de nuevo. Mientras disfrutábamos de lo lindo uno de los momentos más grandes de nuestras vidas, a miles de kilométros de distancia, en la ciudad de Los Ángeles, un hombre escribía una nueva página del baloncesto mundial.

Esa mañana me había levantado con un poco de resaca, por lo que a la hora del receso fui el primero en salir del aula en busca de agua para tomar, mucha agua. El estómago me lo pedía a gritos. En aquella época ya era fanático del baloncesto, aunque apenas unos meses antes había comenzado a deslumbrarme con la NBA, y en especial con un jugador.

Recuerdo a Juan Carlos gritarme con su vocerrón desde el cuarto piso: “¿Te enteraste de lo que hizo el hombre anoche?”. Lo miré con cara de “what the fuck” y entonces me espetó más alto aún: “¡¡81… 81 puntos metió!!”.

Por un momento no entendí un demonio de lo que hablaba, pero en breve reaccioné, aunque aún no comprendía la dimensión de lo que aquel grandón me decía. Que Kobe Bryant había anotado 81 puntos… había algo raro ahí, algo que no encajaba.

Enseguida me dijo “espérate ahí” y bajó como un bólido hasta el tercer piso donde yo me encontraba. Venía con la camisa un poco por fuera y agitando como un loco tres hojas en la mano derecha.

Mira, mira, aquí están uno por uno los puntos”. Me dejó aquellos papeles y se largó nuevamente. “Tengo clase ahora, después me los das”. Su papá lo había bajado de internet y gracias a él podíamos enterarnos.

En ese momento se me olvidó la sed, la resaca o las clases. Retorné hasta mi mesa sin quitarle la mirada a ese burujón de hojas blancas. Era una copia de impresora de cinta donde estaba el Play By Play del partido .

Pa’l carajo” -pensé mientras me sumergía en cada jugada- y de repente comenzó a corromperme por dentro una envidia colosal hacia cada uno de los afortunados que estuvieron en el Staples Center esa noche.

No, eso era muy poco. Sentí envidia por los millones que debieron haberlo presenciado por televisión, y por los millones que tendrían internet para verlo nuevamente cuando quisieran. Pero de repende recordé que estuve compartiendo con mis amigos y tranquilicé un tanto mi desespero. Me zambullí de nuevo en las estadísticas.

Solo un hombre había anotado alguna vez más de 81 puntos un juego de baloncesto: el magnánimo Wilt Chamberlian, un gigante de otra galaxia que aterrizó en el basketbol estadounidense a finales de la década del 50 para cambiar la fisionomía de ese deporte.

Fueron 100 los de Wilt, pero eso es otro cuento. Por eso lo de Kobe fue tan grande, porque en la historia del baloncesto mundial -y por supuesto de la NBA- hablar de los récords de Chamberlain es una cosa y hablar del resto es otra, incluso del propio Jordan.

Michael fue el mejor, revolució el deporte cuando más lo necesitaba, ganó anillos a diestra y siniestra burlándose de todos, pero los números de Wilt son inalcanzables, indestructibles. Además de la máxima cota de puntos en un juego, aquel megahombre que cambió los destinos de los propios Lakers, además de los Sixers y los Warriors, posee la máxima cantidad de récords en la NBA, con 71.

Les ilustro brevemente algunos: dentro de un partido también posee los topes en rebotes (55) y de tiros libres (28), además de proezas extraterrestres como la de haber sido el único pivot capaz de terminar como líder en asistencias en una temporada o el único jugador capaz de firmar un doble-triple-doble (+ de 20 puntos, rebotes y asistencias en un solo desafío).

Por eso mi cabeza daba vueltas en la silla, mientras César, el profe de Matemática intentaba hacernos comprender la geometría del espacio que tanto le costaba a mi grupo y, sabíamos, sería fundamental en las casi inminentes pruebas de ingreso. Pero esa mañana no me importaba nada, yo seguía embelesado con Kobe y sus 81 puntos.

El por ese entonces número 8 de la franquicia más ganadora en la historia de la NBA marcó 14 puntos en el primer cuarto y 12 en el segundo, mas al llegar al descanso su equipo perdía por 12. Entonces pusó el pie en el acelerador y anotó 27 en el tercero y ¡28! en el último.

Sus porcientos en tiros de campo fueron estratosféricos: de 21-33 en dobles y de 7-13 en triples, además de los 18 de 20 desde la línea de libres. Por si fuera poco, solo jugó 41 minutos de los 48 que durá un juego. El partido concluyó: Lakers 122 – Raptors 104. Dicen que cuando sonó la chicarra, bajó la cabeza y levantó el dedo índice de la mano derecha. Tenía 28 años y 5 meses.

Pasó el tiempo, terminé el pre, me gradué de la universidad… y yo jamás había logrado ver, en imágenes, la hazaña de los 81 puntos. Fue hasta hace poco, cuando estuve en Canadá, que aproveché la buena conexión a internet y me bebí más de 10 videos en You Tube donde resumían-relataban-cronicaban esa noche sin igual.

Desde ese momento me prometí que si alguna vez volvía a poner un pie en aquel país tenía que ir a ver un juego de la NBA. Y si la vida quisiera perdonarme por estos años de vagancia y sobrepeso, pues que me premie viendo a Kobe y a los Lakers. Después, que haga conmigo lo que se le venga en gana.

Este 22 de enero se cumplieron 8 años de aquella hombrada. La recordé y sonreí. Me acosté no solo con el feliz recuerdo de que posiblemente haya sido el mejor día sobre un tabloncillo en toda la carrera de mi jugador favorito, sino porque rememoré a mis amigos, y nos vi una vez más vociferando las letras de Maná, guitarra en mano, y bebiendo hasta la locura aquel dolor de cabeza líquido que vendían en el Policentro frente a la Vocacional.

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6 comentarios to “Tocar el cielo con la memoria”

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  6. Chama bien por ti para rememorar al Kobe , siin dudas entre los 5 más grande de la historia de este deporte… No te preocupes que cuando lea este post de seguro te manda una camiseta. Ojalá algún día le puedas ver jugar.
    Hace 4 minutos · Editado · Me gusta

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