Por si las moscas

alfredo-despaigne_1No sé si será paranoia o pesimismo. La verdad, nunca he sido muy de la primera, aunque sí mucho de la segunda. Ya bastantes golpes he recibido desde pequeño a causa de mi adicción por los deportes.

Ahí están las pruebas irrefutables de mi Argentina: su incapacidad para ganar y su habilidad para hacerme sufrir. Un poco más acá están los Tigres del básket, que ya han hecho una moda eso de quedarse con la miel a punta de boca. Y el colofón mayor, ¿quiénes si no? mis muchachones de la pelota. Los eternos sotaneros de Camagüey.

El caso es que soy un pesimista consciente. La vida me ha enseñado y me ha dictado eso, por lo menos en materia de deportes. Por eso desde que conocí hace varias semanas el calendario de la Serie 53, me propuse que no dejaría pasar por alto ese momento.

Camagüey jugaba con Granma en la subserie inaugural de la temporada. Y como en la nueva estructura los equipos se enfrentan una sola vez en el campeonato –al menos durante la primera fase–, esta era la única oportunidad de ver en vivo al mejor pelotero cubano de la actualidad.

No me gusta pensarlo, ni mucho menos decirlo así, a rajatabla, pero como van las cosas en los últimos tiempos, ya uno no tiene la menor idea de que va a pasar con los jugadores que admira.

Y sí, me gustaría verlos triunfar en la MLB, ganar una serie mundial, un derby de jonrones, que las palabras “pelotero cubano” constituyan titular en las principales cadenas deportivas del planeta, pero lamentablemente todo atleta de esta Isla que aspire a lograrlo tiene que renunciar a su país, y eso no es justo.

No es justo para los que solo queremos disfrutar la pasión que se nos ha inculcado de pequeños. No es justo que uno tenga que aprender a amar a sus ídolos en silencio, desde la distancia, y hacerse la idea de que no podrá verlos de nuevo. No hay un cubano que siga el béisbol que no haya experimentado esa amarga sensación.

Por eso fui preparado esta semana al Cándido, porque mi pesimismo me decía que tengo que estar listo para lo peor, por mucho que Alfredo Despaigne no tenga pinta de ser de los que se va. Pero ya ven, Pito Abreu tampoco apuntaba a esa dirección y dejó una bahía, una provincia y un país añorando sus batazos descomunales.

Por eso retraté cien veces al “Caballo de los Caballos”; le vi botarla en su primer turno al bate de la serie, y al otro día rechinarla dos veces contra los colchones. Le vi ser modesto, tranquilo, le vi ser ovacionado por miles de fanáticos rivales cuando el audio del estadio pronunciaba su nombre. Le vi una sonrisa de los que se quedan, pero aun así, le retraté cien veces… por si las moscas.

alfredo-despaigne_2

alfredo-despaigne_3

alfredo-despaigne_4

alfredo-despaigne_5

alfredo-despaigne_6

alfredo-despaigne_7

Anuncios

4 comentarios to “Por si las moscas”

  1. Genial, Raulito, sensación amarga que nos ha dejado pensando a muchos… también he pasado por ahí, y lo peor, fue siendo un niño, cuando el mejor lanzador de Cuba en ese momento, Osvaldo Fernández, abandonó a sus cachorros y me hizo despertar de la inocencia… Saludos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: