Mis segundos con Fernando

ballet/cubaEsta es una anéctoda que nunca pensé contar, o al menos no hasta dentro de muchos años, cuando ya pudiera tomarse como algo perdonable. Sin embargo, hoy, cuando aún me encuentro consternado por la muerte de ese grande del ballet que fuera Fernando Alonso, he decidido compartirla, pues ha sido el único momento de mi vida en que he estado cerca del Maestro.

Verán, el ballet me viene en la sangre por mi mamá, quien fuera bailarina del Ballet de Camagüey durante casi 20 años. Desde muy pequeño pasé parte de mi infancia correteando por entre los telones del Teatro Principal (ahí trabajaba mi papá) y la espaciosa sede de la compañía en la inmediaciones del reparto Garrido.

Debido a esto, pudiera decir que, desde que comencé a estudiar periodismo, además del deporte, el otro tema que también me ha apasionado es el ballet, aunque no he escrito mucho al respecto. Quizás, la razón de esto último sea la propia historia que les cuento.

Cuando aún no había realizado mis primeras prácticas pre-profesionales en la carrera, allá por diciembre del 2007, se cumplían los 40 años de la fundación del ballet camagüeyano. Y por aquellos días la compañía ofreció un grupo de presentaciones en conmemoración del onomástico.

Ese año Fernando vino a Camagüey. Participó en varios homenajes, cancelaciones de sellos, entre otras actividades. Y noche tras noche asistía a las funciones, sentándonse -por supuesto- en el palco de honor, justo en el centro del segundo piso del teatro.

A pesar de su avanzada edad, de ser un “monstruo” del ballet en Cuba -y en el mundo- y de llevar ya varios años alejado -profesionalmente- del Ballet de Camagüey, Fernando siempre recordaba a todos quienes fueron sus alumnos, mi mamá entre ellos.

Y en una de esas funciones en la que acompañé a mi progenitora al teatro, recuerdo que junto a una amiga de ella y ex compañera en el Ballet, hablamos de la posibilidad de que yo le realizara una entrevista, previa coordinación a través de ellas.

¡Qué palo periodístico, verdad! Era conocido que el Maestro no le daba entrevistas a todo el mundo, y el hecho de que yo, un aspirante a periodista lo consiguiera, sin dudas hubiese sido algo de lo cual enorgullecerse para toda la vida.

No rememoro muy bien como ocurrieron los hechos, tal vez debido a la vergüenza que pasé más tarde. El caso fue que después de concertada la entrevista, tenía los quince minutos del intermedio para concretarla. Y allá fui.

Agachado e incómodo junto a su asiento, grabadora en mano, le esbocé dos preguntas, preocupado más porque descubriera mi nerviosismo y mi novatez en esos menesteres, que en lo que estaba diciendo.

No habló mucho; apenas me dio par de opiniones sobre lo que veía en los bailarines de hoy en día. Sin embargo, para mi fue una eternidad y me marché más que contento por haber logrado mi objetivo: entrevistar a Fernando Alonso. A esa hora yo no pensaba en donde iba a publicar o que iba a escribir, ni siquiera recordaba todo lo que había dicho. Era feliz, nada más.

Pero la decepción llegaría cuando llegué a la casa, al percatarme de que la grabadora se había quedado sin baterías en el mismo inicio de la conversación, por lo que solo conservaba algunos segundos de la voz del Maestro. Como era un manojo de nervios en el momento del diálogo ni siquiera noté ese “pequeño” detalle.

Jamás me pasó por la mente comentar algo respecto a esa historia. Siempre pensé que el día que llenara algunas líneas sobre Fernando Alonso tendrían que estar a su altura, no un simple relato sobre como un aprendiz de periodista cometió uno de los errores más elementales del oficio.

No obstante, narrando esta vivencia personal es la manera que encuentro de rendirle homenaje a ese grande la danza que es -sí, siempre en presente- Fernando Alonso.

Hoy conservo entre mis Gigas imborrables, aunque sea de forma simbólica, esos segundos con su voz. No se entienden muy bien, ni develan secreto alguno, pero cada vez que los escuchó sé que fue la única vez que estuve cerca de él.

Su ausencia física entristece a muchos, mas para quienes lo conocieron, trabajaron a su lado, aprendieron de él, su legado jamás morirá, y todos saben que, de alguna forma, su vida fue diferente luego de haber conocido al Maestro.

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12 comentarios to “Mis segundos con Fernando”

  1. Raúl: No sabía que habías escrito esto. Lo descubrí casi por accidente. Tuve la dicha de trabajar junto a Fernando durante seis años, los primeros de mi incursión laboral. Luego mantuve una linda amistad con él, fue mi amigo, como digo siempre, de esos que trato de Usted, pero amigo de verdad.
    Lo entrevisté en varias ocasiones y encontré cosas nuevas del ballet y su vida en cada una de esas conversaciones que compartí con quienes quisieron leerlas en diferentes medios.
    Comprendo lo que pasaste y sentiste, pero fíjate en esto, estoy segura de que si hubieras vuelto con esa, tu verdad, te habría concedido otra. Puedes aportarlo.
    Ese sufrimiento lo pasé en una ocasión y no era novata en el oficio, así es que ya sabes, cualquiera tiene un tropiezo, y para la próxima, y ojalá no te suceda de nuevo, vuelve atrás que te entenderán.
    Fernando tiene -así en presente- ese don de quedar en quienes tuvimos el privilegio de estar a su lado aunque fuera una vez, mis cariños, Cuqui

  2. me gusta mucho como escribes.

  3. Sé lo que se siente Raúl, yo pasé por lo mismo con una de las principales figuras del Teatro Lírico de Holguín y casi muero…creo que son experiencias que uno tiene que vivir, te crecen; así que me siento muy identificada con lo que escribiste. Fue muy hermoso, sentido y profundo.
    Un abrazo
    Eliza

  4. Gracias a todas por comentar, escribí este post pensando en uds, porque se que sí tendrán muchísimo que contar. Son privilegiadas de haber compartido tanto tiempo con el Maestro. Saludosss

  5. Olguita Says:

    Que bonita historia..la verdad que todos los que tuvimos el privilegio de conocerlo tenemos una historia propia,de momentos y situaciones vividas.
    Gracias por compartir la tuya Raul!!! 🙂

  6. Yusimith Paneque Garcia. Says:

    Que linda historia, creo que conocerlo no es suficiente para perder los nervios delante de el. Siempre causaba emocion unica mirarle a los ojos, sentir su voz…. en fin, su presencia llenaba de grandeza el momento.

  7. Delia Ballart Says:

    Raul como bien dices el conocerlo te cambiaba de alguna manera,que maravilla que tengas esos instantes y no te preocupes todos estuvimos nerviosos la primera vez que nos toco hablarle o mirarle frente a frente, el susurro del Mtro estara contigo por siempre

  8. Vivian Salfran Says:

    Si tuviste otros encuentros con El ,pero eras muy chico y no te acuerdas.

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