Rango, el lagarto sin techo

rango, el lagartoRango quería que lo llevara a casa conmigo. Su mirada lo delató desde el primer momento, aunque, para ser franco, no pienso que fuera de forma accidental. La expresión de su cara no era exclusiva para mí, pues a todo el que pasaba cerca lo escudriñaba con la misma intensidad. La fuerza de sus ojos era un vivo reflejo de su desesperación.

Pasa horas y horas trepado en su rama, esperando a que alguien se compadezca de él y decida acabar con su aburrido castigo. De vez en cuando abre la boca y saca la lengua, como esperando algún insecto que sabe nunca va a aparecer.

La historia de su vida me conmovió. No sabía que un lagarto pudiera ser capaz de pasar por tanto. Después de una tranquila existencia en un desierto de Arizona, disfrutando del ardiente sol de esos parajes y cazando una que otra mosca patilarga cuando le sonaban las tripas, un buen día decidió dedicarse al mundo del cine.

Y cómo no tenía ni lagarta madre, ni lagarta esposa, ni lagarto hijo que se lo impidiera, tomó un par de sus trajes camaleónicos y hasta Hollywood no paró. Allí, luego de mostrar sus excelentes dotes histriónicas en un circo local, un ciempiés amigo le resolvió un casting.

Pero el papel no era de un lagartijo cualquiera, sino de un personaje hecho a su medida y que, para colmar su júbilo, hacía realidad el sueño de su infancia: interpretar a un rudo cowboy del oeste.

Por si fuera poco, estaría a las órdenes de Gore Verbisnki, el afamado director de la zaga de Piratas del Caribe. Y sería, nada más y nada menos, la propia estrella de esa trilogía, Johnny Deep, quien doblaría su voz.

Todo marchó de maravillas durante la filmación. Un tráiler para él solo, insectos de todas las especies habidas y por haber, lagartijas modelos, fotos, revistas, shows televisivos… Incluso, su magnífica actuación llevó al filme a obtener un Oscar. Era el nuevo Golden Boy de la ciudad californiana.

¿Qué más podía pedir de su debut en la farándula del séptimo arte?

Mas luego de llegada la fama la vida comenzó a complicársele. Con la voz cortada me confesó como un tiempo después el propio Johnny le pidió prestado algo de dinero para pagar sus deudas, pues no le había ido bien en sus últimas interpretaciones y estaba intentando abrirse un negocito de vender películas para poder subsistir.

Y Rango, como había ganado bastante plata con los derechos de su imagen, pues no vaciló en ayudar a su nuevo mejor amigo. ¡Hombre!, si con todas las niñas que le había presentado…

Ah, pero el lagarto no sabía que al señor Deep de vez en cuando se le salía lo de Jack Sparrow y se volvía una persona un tanto… “malquedar”. En efecto, ya con el cheque en la mano, la estrella hollywoodense se perdió con los billetes… y hasta el sol de hoy.

Allí fue cuando comenzó su verdadero martirio. Primero vio como una grúa le llevaba su Ferrari del año de enfrente de su nueva casa en la playa de Malibú. Más tarde, fueron los propios inspectores de vivienda los que le notificaron que debía abandonar su lujoso palacio si no pagaba las cuentas a tiempo.

Luego de ver como se desvanecían una a una todas sus conquistas, la desesperación lo llevó al mundo de las drogas. En ese infierno encontró gente que lo absorbió y le sacó las pocas reservas que le quedaban. Aun así, logró escapar, no sin antes llevarse unas cuantas deudas más y algunos trastornos mentales.

Así fue como terminó en el lugar donde lo conocí, una especie de centro de acogida para lagartos sin techo en el mismo corazón de Ottawa. Pero como en este país no hay nada regalado, tuvo que costear su alojamiento con lo único que podía hacer: venderse a sí mismo.

¡Un lagarto de mascota! -exclamé desconcertado.

Pues sí -me dijo de lo más tranquilo-. Aquí se estila mucho eso, y si te fijas bien, a mí alrededor encontrarás grillos, arañas, ratones, majases y todo tipo de bicho exótico que te puedas imaginar.

Pero tu precio está un poco caro -le señalé con un dedo en el cristal de su jaula.

No importa, siempre aparece algún loco que me quiera… ¿tú no me quieres? -me volvió a inquirir con esos ojos saltones.

Yo sí te quiero, Rango –le aclaré-. Pero no te puedo llevar. ¿Te imaginas lo que me harían en Cuba si me aparezco con un lagarto que cuesta 280 dólares…?

lagarto, pet store

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6 comentarios to “Rango, el lagarto sin techo”

  1. JAJJAJAJA la verdad que estos precios canadienses estan en llama, aca en la Florida lo que nos sobran son Lagartos y bichos raros igualitico que en cuba jajajajaj vamos a montar un business 😉

  2. Chama en el Zoo de 26 o en el del Casino te cambian a Rango por una jutía Conga. Cuando los canadienses la vean de seguro filman: Misión Imposible Tropical. Llegará a ser tan famoso como Rango por productor, y la jutía haría cosas más espectaculares que Tom Cruise. Piénsatelo bien.

  3. Jejejejeje, mi tío trajo una iguana de 60 centímetros en el bolsillo de una camisa en un viaje de España-Cuba. al final se le escapó. daba tremendos latigazos con la cola.

    • Asere y pa qué tu tío quería traer una iguana pa cá. Si tú me dices que se la llevó escondida de aquí pa venderla allá… eso es otra cosa…jeje

      • Estaba de lo más bonita, no creo que en Cuba existiesen de ese tipo, era verde azulada (sin chucho). Después tuvo una ardilla que se hizo el arakiri con un tenedor.

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