Una noche de Grandes Ligas (II y final)

Blue-JaysMientras Dickey seguía con su recital de knuckleballs, yo estaba más intraquilo que el fanático número uno de los Blue Jays –y mire que había cada canadiense loco ese día. Tenía dos opciones: quedarme sentado y disfrutar de la mejor pelota del mundo a solo 50 metros de mí, o salir y recorrer aquel estadio gigante, interactuar con la gente, explorar cómo se vive el béisbol a miles de kilométros de mi Cuba.

Aunque no tengo ningún otro patrón comparativo, me atrevo a asegurar que los canadienses son las personas más amables del mundo. Para todo ponen cara agradable, y si de casualidad tropiezas con uno de ellos te dicen 100 veces “I´m so sorry”. Por eso decidí aprovecharme de esa generosidad para hacerme el desentendido y conocer zonas del estadio donde supuestamente no debía estar.

Hasta el segundo piso subí y me colé en el palco VIP gracias a una súplica que le hice con mi escaso inglés al Security Guy de que solo iba a tomarme una foto. “Just a moment” me respondió, pero del moment nada, pues me pasé como media hora desandando por toda la planta.

Allí adentro, por supuesto, el lujo es mayor. Hay un restaurant donde las mesas están ubicadas con una vista excelente al campo. Él que va a ese lugar se sienta, pide su McDonald –o lo que se le antoje, porque seguro anda con bastante presupuesto- y disfruta del partido sin preocupaciones.

Toronto/Blue-JaysUn nivel más arriba se encuentra un hotel. Hasta allí llegué –lo confieso- porque me perdí en el elevador y cuando salí al pasillo solo veía puertas y nada de pelota. Así que regresé por donde mismo vine rezando por no toparme con otro Security Guy. Más tarde me enteré de que al fondo del center field también hay habitaciones. Imagino que para los fanáticos más obsesivos sea un todo en uno: de luna de miel y viendo las Grandes Ligas.

Seguí dando vueltas por el interior de aquella monstruosidad, pero sin marearme. Pasaba cerca de las Souvenirs Shops y solo las miraba de reojo, porque aunque no soy aficionado a los Blue Jays, la cantidad de pacotilla te seducía como mismo es capaz de hacerlo una rubia de 1,80 m bien ligerita de ropa. Cosas del capitalismo, supongo.

Al terminar el quinto, el audio del estadio me sorprendió con la Obertura de Guillermo Tell del mismísimo Gioachino Rossini. De repente salieron a toda carrera, por una puerta al fondo del left field, una docena de trabajadores de mantemiento que iban a retocar los pocos lugares con arena del campo sintético. Mientras laboraban a toda velocidad, el graderío se ponía de pie y aplaudía con euforia. Junto a ellos, la mascota de los Blue Jays los imitaba y le ponía emoción al momento.

Blue JaysAsí transcurría cada entreinning. Si no era el que se ganó un IPhone 5 por responder un concurso on live a través de Twitter, era al que le tocaba una camisa del equipo por la rifa que hacen mediante los números de las entradas. Siempre había algo para entretener a la gente, y lo mejor es que todo sucedía en apenas unos segundos.

Solo les pongo un ejemplo: ambos conjuntos anotaron 16 carreras, dieron 28 hits y utilizaron siete lanzadores, y el juego solo duró dos horas y 54 minutos. En Cuba un score así entre Matanzas e Industriales hubiera sido de 5 horas sin ningún problema. Esos constituyen detalles en los que la pelota cubana tiene que mejorar, entre muchos otros.

Ya en el séptimo, con Dickey fuera y el partido 10-2, decidí volver a los asientos para apreciar cómodamente el final del choque. Todo indicaba que los anfitriones se llevarían una victoria fácil, pero a un strike de guardar los bates el venezolano Pablo Sandoval pegó un batazo descomunal, con dos en bases, que fue a dar a la grada del jardín izquierdo y le hizo contener la respiración a medio Toronto. Los pocos pero orgullosos fans de San Francisco que se encontraban en el estadio brincaban de alegría, como diciendo “perdimos, pero al menos los asustamos”.

Pablo-Sandoval/San-Francisco-GigantesLuego de terminar el juego, de inmediato salió nuevamente la brigada de mantenimiento al campo, esta vez equipados con camiones y mangueras. Mientras, un grupo de hermosas animadoras bailaban sobre los dougouts y despedían, con una sensual coreografía, al público que se arremolinaba alrededor de las salidas. El mensaje me llegó alto y claro: los tickets cuestan caro, y por eso la excelencia caracteriza a todos los que se encargan de sostener ese espectáculo.

Antes de despedirme del Rogers Centre me aguardaba una última sorpresa. Esta fue la guinda del pastel que coronó una noche llena de gratas sensaciones. Cuando me dirigía a la puerta, entre la multitud me interceptó un señor que se fijó en mi pullover rojo con cuatro letras blancas en el pecho. Con acento familiar y un gesto en la cara que solo conocen los que se encuentran lejos de su Patria me preguntó: “¿eres de Cuba?”.

Sí –le respondí con otra sonrisa.

Hablamos brevemente, indagó por la provincia de donde soy. Él era de Mayarí, en Holguín. Luego nos abrazamos a medias, quizás por la emoción, y cada cual siguió su camino. Todo transcurrió en apenas medio minuto, pero estoy seguro de que tanto él, a pesar de que ya peinaba canas, como yo, nos marchamos con la satisfacción de que entre tanto show, pelota de calidad y gente extraña, había también un pedazo de Cuba.

Blue Jays

Las animadoras despidiéndose del público al término del partido

Blue-Jays

La brigada de mantenimiento entró rápido en acción

Toronto

La mascota de los Blue Jays

Alex-Pagan/Blue-Jays/Toronto

La pantalla gigante del Rogers Centre y detrás algunas habitaciones del hotel

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10 comentarios to “Una noche de Grandes Ligas (II y final)”

  1. Fantastico compañero, quiero mas de esto.
    Me gusta mucho mas uno de estos aparatos que cualquier
    chica.

  2. A mí que no me gusta la pelota,me da deseos de conocer ese estadio.

    • Créeme susi que con un estadio como ese, la pelota llega a gustarte, además, te pones a dar vueltas por ahí y te entretienes, sin tener que mirar el juego… hahaha

  3. Yaniurbys Reynaldo Oms Says:

    Raul mi angel, sabes que el deporte no es mi fuerte, asi que si comence a leer fue porque el autor esta muy cerca de mi, pero tengo que confesar que de una forma sencilla y esplendida hiciste que me entretuviera cual leyendo un libro, que quisiera saber el final de tu experiencia, y se me aguaron los ojitos, eso pasa cdo lejos de ser palabras rebuscadas, se escribe desde el corazon, felicidades! y Gracias por tener mi opinon en cuenta!

    • Gracias a ti mi corazón, para mi es lo más grande que te hayas pasado por aquí y me dejes estás hermosas palabras. EL que te agradezco soy yo. Lo más importante de esa experiencia es compartirla con todos los que me rodean… UN besote

  4. Raúl excelente crónica, más de uno me ha contado que los cubanos cuando se encuentran es como si se conocieran de toda la vida, creo que eso solo nos pasa a nosotros. Abrazos AH no te dije que allá en San Pablo de Yao pegué un triple que encendió la mecha de una remontada de un marcador adverso de 6 X 4 que terminó con un ¡11 X 6! a nuestro favor.
    Anoche aquí pusieron fragmentos de los Gigantes vs los Bravos y “Confú Panda pegó uno de los suyos enooooormeeeee…
    Abrazos

    • Oye te veo bateador una pila… Ojala se de el torneo de la prensa pa q podemos demostrar nuestro talento, jeje. Y Kong Fu Panda esta escapao, aquella noche en el Roger Centre habia dando cuatro palomones, pero a la quinta no perdono… es un monstruo

  5. Sara Prats Says:

    Me allegro mucho , que pudieras ver un juego de las grandes ligas.

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