Una noche de Grandes Ligas (I)

Cuba/BeisbolSi hay una noche que no olvidaré jamás, creo que será la del 14 de mayo de 2013. Sé que todavía soy joven y es muy probable que los mejores momentos de mi vida estén por llegar, pero solo hablo de una noche, ni siquiera de un día completo. De todas formas, la competencia está bien fuerte para eventos futuros, porque dudo que alguno pueda superar la primera vez en mi existencia que vi, en persona, un partido de las Grandes Ligas de Béisbol.

Tal vez alguien me juzgue de pretencioso por anunciarlo de esta manera, mas no me importa. Para mí, que soy un adicto a los deportes, este acontecimiento ha dejado una huella imborrable que me hace desear ahora mismo tener  muchos nietos, para poder contarles esta historia una tarde de domingo, con ellos sentados en mi regazo.

Y ni siquiera sé por donde empezar. No sé si hablando de Dickey y su knuckleball endemoniada, o de la fuerza del “Kung Fu Panda” Sandoval… Quizá deba referirme primero a la majestuosidad del Rogers Centre, o a lo mejor sea la fanaticada canadiense la que merezca las primeras líneas.

Dada la contradicción, es mejor combinarlo todo y narrar de a poco lo sucedido.

La aventura comenzó cuando mis tíos y yo salimos de Brampton, más o menos con dos horas de antelación al inicio del juego. En el caso de las Grandes Ligas los partidos comienzan en horarios exactos, como si los mismísimos ingleses hubieran elaborado el calendario. A las 7:07 pm arrancaba el show, ni un minuto antes, ni otro después.

El tráfico vespertino de las cientos de autopistas de Toronto (no exagero ni un pelo) amenazaba con demorar la llegada, pero con un poco de suerte logramos pasar frente al estadio media hora antes de la voz de play ball.

Sin embargo, tardamos bastante en buscar parqueo, lo que impidió que llegáramos puntuales y presenciáramos la fantástica inauguración del partido. En la misma se le entregó al dominicano Melky Cabrera, ahora jugador de los Azulejos, el anillo de campeón de la Serie Mundial, pues el año pasado aportó bastante al triunfo de los Gigantes de San Francisco, huésped de turno en la carpa techada de la ciudad más populosa de Canadá.

Cabrera no pudo discutir el título con su ex equipo, pues meses antes había sido suspendido por dopaje, así que esta fue la ocasión ideal para que su antigua franquicia le reconociera cuanto sudó por aquella camiseta. Y el quisqueyano como agradecimiento les recordó sus buenos tiempos en la ciudad californiana, pues bateó de 5-4, con par de anotadas e impulsadas. ¡Tremendo pragmatismo, digo, profesionalismo!

Pero nada de ese inicio pude ver. Cuando al fin nos adentramos al Rogera Centre, los Blue Jays -nombre en inglés del equipo de Toronto- ya habían marcado tres carreras y seguían produciendo. Aún así, y con ese espectáculo de batazos de recibimiento, no podía concetrarme en otra cosa que no fuera apreciar el interior de ese colosal estadio de pelota.

Entramos por una puerta que daba al center field y, para mi sorpresa, nos encontrábamos en el segundo piso de la instalación. Pues sí, la casa de los Azulejos se halla sumergida a unos cuantos metros por debajo del nivel de la calle. De no ser así, su altura fuera mucho más descomunal que la aprecidada desde afuera.

Toronto/Bluey-Jays/San-FranciscoMiramos las entradas: Aisle 117, Row 23 y Seat 6, 7 and 9. Los asientos eran justo detrás del dougout de primera, sobre el banco de los actuales campeones de la Serie Mundial, por lo que teníamos que darle la vuelta al terreno. !Waoo! –pensé- justo donde me siento muchas veces en el Cándido González, allá en Camaguey.

Buscamos la forma de bajar hasta la primera planta del estadio y caminamos rumbo a nuestros lugares. Los pasillos parecían los de un inmenso centro comercial, no los del interior de un estadio de pelota -o de al menos los que yo he conocido. A cada paso habían televisores con la transmisión del juego en HD, puntos de venta con cualquier tipo de souvenirs imaginables del equipo de casa, cafeterias, restaurantes… Ufff, para qué contar.

Cuando finalmente llegamos a los puestos, los vestidos de blanco y azul -como los colores del ave que les da nombre- habían marcado seis y con ello el desafío perdía un poco el atractivo. Pero ni se crean que eso logró que mi emoción se perdiera. Creo que la última vez que me sentí tan entusiasmado fue que cuando me llevaron por primera vez al parque Japonés en mi niñez.

Entonces comenzó la sinfonía de R. A. Dickey.

Dickey/Blue-Jays/TorontoPara algunos este lanzador está sobredimensionado, y no les falta razón. En Cuba lo pudimos ver por primera vez durante el Clásico Mundial, cuando fue el abridor número uno de Estados Unidos. También apreciamos como le cayeron a palos en más de una ocasión, aunque al final no se pueda calificar de completamente malo su desempeño en ese torneo. En esta temporada tampoco le ha ido muy bien (3-5), sin embargo, no deja de ser un lanzador consistente y al que todos respetan.

En las primeras entradas se complicó un poco con su control, regaló algunos boletos y lograron producirle par de anotaciones, entre ellas un home run de Brandon Belt. Pero aún así lanzó de forma encomiable durante seis capítulos completos y logró dominar por la vía de los strikes a 10 californianos.

Quizá más de uno sepa de los atributos de Dickey, pero no por eso voy a privarme de describir la hermosa knuckleball, o bola de nudillos, que lanza. Aunque mi ángulo no era detrás del home, fue todo un gusto observar como giraba su brazo derecho para colorear en el aire este dífcil lanzamiento que solo unos pocos en la historia han sabido dominar. Y para el público de Toronto eso era un fiesta. Coreaban cada ponche, y cuando el bateador se encontraba en dos strikes se ponían de pie y animaban a su pitcher a completar la faena.

Continúa en Una noche de Grandes Ligas (II y final)

Roger-Centre/Toronto-Blue-Jays

Tienda de souvenirs de los Blue Jays

Roger-Centre/Toronto/Blue Jays

El clásico vendedor de hot dogs y Coca Cola

Cafeteria

Una cafetería en el interior del estadio

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13 comentarios to “Una noche de Grandes Ligas (I)”

  1. […] hace unos días escribí que había hecho realidad un sueño al ver en persona un juego de Grandes Ligas, mi socio Erisvel me comentó, emocionado, que dentro de poco también viviría algo parecido. Pero […]

  2. Hola Raulin, me alegra estes disfrutando estos momentos, se que seran un grato recuerdo de por vida; desde que eras un nino eres muy apasionado con los deportes, lo digo en prural. Un fuerte abrazo.

  3. Jajaja, asere el lío es que el estadio era techado y por eso no se sentía. Pero afuera estaba chiflando el mono, como decimos en buen cubano. Cuando salimos, sobre las 11 de la noche, yo andaba con un pullover, un sueter y un abrigo más grande, y aún así sentía las cosquillas, jaja. Había -3 grados… Pero igual valió la pena, jaja

  4. Wow, de verdad que tener cuando uno tiene esos encuentros con las Majors es algo insuperable. Yo recuerdo la primera vez que pude observar béisbol del primer nivel, fue hace algunos años en Japón y de verás que es algo diferente a lo que uno está acostumbrado a ver aquí en Cuba. De todas formas, le sigo encontrado una magia especial al Latino y no se que pensarás tu Raúl con lo que pase en el Cándido.

    Bravo por estas crónicas desde la otra orilla…

    • Coño mi hermano, lo de uno es lo de uno. Las Grandes Ligas son lo mejor, pero nunca dejaré de ir al Cándido pa ver a mi Camaguey, por muy mal que esté. MI tío que vive aquí, siempre que va a Cuba se va conmigo pal Cándido y disfrutamos esos juegos como el de los Blue Jays vs los Gigantes, salvando por supuesto las enormes diferencias, tanto en lo deportivo como en todo lo demás… Y tienes toda la razón, la magia que tiene la pelota cubana es única, por muchos problemas que tenga… Saludos desde acá

      • Claro que sí. Lo mío es primero, eso siempre. Disfruta mucho las Majors. Nadie te tuvo que contar como es. Además post como estos, ayudan mucho a la pelota en Cuba, pq es la visión de un Cubano, camagueyano, amante del deporte, que puede ayudar, una vez este aquí, a hacer entender las cosas que podemos y debemos mejorar.

        Por lo que veo, no había tanto frío por allá en el estadio o al igual que aquí la pelota es caliente. jejejejeje

  5. Me alegro por ti, hermano… De veras que debe haber sido una experiencia única e inefable. Ver el mejor béisbol del mundo in situ…. felicidades!!!!!
    Nos vemos
    Un abrazo desde Holguín

    • Gracias mi hermano, tienes toda la razón, este post son solo algunas impresiones… Ahí es cuando de verdad te das cuenta lo hermoso que es el béisbol. Un abrazo camagueyano desde Toronto

      • Gracias a ti por compartir esta experiencia…. y por recordarnos a algunos que parecemos a veces olvidar lo bello que es este deporte…
        un abrazo

  6. fidelito Says:

    Chama que bueno que tuviste esa experiencia. Felicidades, nos vemos en otro Artemisa vs Camaguey!

  7. fidelito Says:

    Chama esa oportunidad de ver Las Grandes es única. Disfruta. De vuelta al Cándido veremos nuestro Artemisa vs Camaguey, nos vemos!

  8. Rebeca Maso Says:

    Wow que bien me alegro por ti!!! you made it!!! me imagino la emocion…asi mismo le paso a mi hijo cuando por primera vez con 9 añitos lo lleve al Yankees Stadium…sus ojitos les brillaban y como tu estaba atento a cada jugada y score del equipo….su adiction a los deportes es algo que lo llena y eso me alegra que al igual que tu hagas de este momento algo especial para tu vida!!! Saludos y disfruta mucho!!!
    Rebeca

    • Gracias por llegarte hasta acá Rebeca, estoy seguro que esta historia le ha pasado a muchas personas, pues no debo ser el único que guarda ese recuerdo… Saludos

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